jueves, 29 de enero de 2009

Estilógrafos

Acabo de encontrar mi pluma en la lavadora. Pensaba que la había perdido y a ésta le tenía mucho cariño. Es una Parker de cuerpo azul, azul ele, es preciosa y la tengo desde hace 8 años. Parece que después del revolcón entre burbujas aun funciona, es una suerte que no le salga espuma, y parece que le ha ido bien este tipo de limpieza, menos mal, porque no tenia pensado dedicar tiempo a buscar una nueva pluma, suena raro ¿no? pero es que siempre he dedicado mucho tiempo cuando se trata de escoger una pluma. La verdad es que me encanta escribir con pluma, mi mano se comporta diferente, como más libre y segura, no tiene que hacer fuerza y es más espontánea, hacen una combinación perfecta, es genial! Eso sí, para que todo esto se cumpla, la pluma tiene que ir bien, de lo contrario esa combinación puede convertirse en la peor de tus pesadillas y encontrar tinta hasta en los calcetines, así es que si la pluma se convierte en un incordio, es mejor guardarla y sacarle el polvo de vez en cuando.
Una de mis plumas preferidas es una Montblanc de las de siempre, una meisterstück, que me regaló una persona muy especial cuando teníamos diecisiete años, la pobre ya sólo esta para mirarla y admirarla, y digo admirarla pues se puede ver perfectamente la parte externa del plumín desgastado, la empuñadura ya sin brillo y con la huella de mi dedo índice impresa por una absurda casualidad. Con ella he firmado documentos muy determinantes e importantes, también la he utilizado para pasar ratos tontos y otros agradables dibujando papeles, incluso la he utilizado para pintar y dibujar el “vísceras”.
El stock de plumas a día de hoy es de 12 y podría ser superior si no hubiera perdido unas cuantas, aunque estoy contenta de que entre las desaparecidas no estén mis preferidas. Me gusta imaginar que son varitas mágicas y por su condición de mágicas son ellas las que eligen a sus dueños.

sábado, 24 de enero de 2009

sábado, 3 de enero de 2009