jueves, 23 de octubre de 2008

Bello, sembra una vespa!


Soy una “Vespista” en cuerpo y alma, me encanta mi vespa primavera. Me costó muchísimo conseguirla. Recuerdo el primer día que estuvo en mí poder como si fuera ayer: la fui a recoger y cuando me subí en ella, en ese mismo instante se dibujó una sonrisa en mi cara (que siempre consigue dibujar, cuando subo en ella), era la persona más feliz encima de ese preciado tesoro. En el fondo soy una romántica y adoro el ritual de cada salida; abrir el paso de la gasolina, sacar el starter, poner punto muerto, dar la primera e infructífera patada... seguida de una segunda, y una tercera en la que como si de un coro de ángeles (eso si, un poco afónicos, ya adolescentes y en día de resaca) empezara a cantar despierta de su sueño, para descabalgarla, subir en ella, poner la primera y sentirse transportada a otra dimensión, la dimensión de la serenidad, de la paz, del recorrido interior, dimensión VESPA. Recuerdo que esa sensación no la pude disfrutar por mucho tiempo, ya que al cabo de un mes de tenerla, tuve que dejar de utilizarla durante una temporadita, por cosas maravillosas de la vida, pero aún así cada dos o tres días la encendía para oír su canto y admirar sus diversos ángulos. Con ella me encantaba recorrer las carreteras secundarias y descubrir esos espacios, olores, colores y paisajes que son imposibles de percibir en coche. Nuestra relación ha sido una relación de admiración y de pasión.
En mi entorno había aquellos que decían que era una moto vieja, que hacia mucho ruido, que no frenaba, que las marchas saltaban, y todo tipo de críticas, pero a mi me daba igual, era mi vespa y todas esas “pegas” me parecían las “pegas” más agradables de mi fantástica y querida VESPA.
Y todo tiene un final, este es el de nuestra relación. Seguramente ella me estará gritando traidora, pues la he abandonado por otra moto nueva, más cómoda, más fácil, más ágil, y otras tantas cualidades, eso sí, VESPA también. Pero puede estar segura que en mi memoria tiene una caja llena de recuerdos y sensaciones inolvidables, y que nunca podrá igualar ninguna otra moto.

viernes, 10 de octubre de 2008

no quiero cerrar esa puerta



Ayer oí algo que me hizo asomar una lágrima. Ese algo, era una experiencia sencilla en la que el protagonista acababa diciendo: “que collonut es estar viu”.
Estar vivo… sí, todos estamos vivos, pero ¿por qué me produjo esa sensación de vacío y me provocó esa tristeza?.
Este año empezó con unas esperanzas truncadas y cargadito de desazones tan increíbles como reales. En mi empeño por sobrevivir; de respirar, comer, dormir, me olvidé de vivir, sí, de vivir. Como he dicho, tenia que sobrevivir a algo que sólo había experimentado en el peor de mis sueños. Ahora que he sobrevivido y empiezo a ver el final de ese camino, me siento rara y a la vez emocionada al reconquistar esa conciencia tan importante en mí. Empiezo a tener sueños, y empiezo a querer hacerlos realidad descubriendo que a cada paso hay adversidades y que no me podrán detener. Quiero respirar saboreando esta oportunidad que tengo de vivir; empiezo a dar las gracias al despertarme, empiezo a sentir con todo mi cuerpo y vuelvo a experimentar sensaciones que creía que no volverían a estar conmigo.

Seneca dijo: “no es que no nos atrevamos porque las cosas son difíciles, simplemente las hacemos difíciles cuando no nos atrevemos”

Pablo Neruda: "Muere lentamente quien se transforma en esclavo de los hábitos, quien no se arriesga, quien evita una pasión, quien no arriesga lo cierto por lo incierto, quien abandona antes de empezar, quien se queja de su mala suerte, quien no viaja, ni lee, quien no sueña ni persigue sueños, quien no confía, quien no lo intenta, quien no ama (.... )"

…y de esas sensaciones, pequeñas pero muy intensas, son de las que tomas conciencia de estar vivo y de lo maravilloso que es la vida.
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martes, 7 de octubre de 2008