Soy una “Vespista” en cuerpo y alma, me encanta mi vespa primavera. Me costó muchísimo conseguirla. Recuerdo el primer día que estuvo en mí poder como si fuera ayer: la fui a recoger y cuando me subí en ella, en ese mismo instante se dibujó una sonrisa en mi cara (que siempre consigue dibujar, cuando subo en ella), era la persona más feliz encima de ese preciado tesoro. En el fondo soy una romántica y adoro el ritual de cada salida; abrir el paso de la gasolina, sacar el starter, poner punto muerto, dar la primera e infructífera patada... seguida de una segunda, y una tercera en la que como si de un coro de ángeles (eso si, un poco afónicos, ya adolescentes y en día de resaca) empezara a cantar despierta de su sueño, para descabalgarla, subir en ella, poner la primera y sentirse transportada a otra dimensión, la dimensión de la serenidad, de la paz, del recorrido interior, dimensión VESPA. Recuerdo que esa sensación no la pude disfrutar por mucho tiempo, ya que al cabo de un mes de tenerla, tuve que dejar de utilizarla durante una temporadita, por cosas maravillosas de la vida, pero aún así cada dos o tres días la encendía para oír su canto y admirar sus diversos ángulos. Con ella me encantaba recorrer las carreteras secundarias y descubrir esos espacios, olores, colores y paisajes que son imposibles de percibir en coche. Nuestra relación ha sido una relación de admiración y de pasión
.
En mi entorno había aquellos que decían que era una moto vieja, que hacia mucho ruido, que no frenaba, que las marchas saltaban, y todo tipo de críticas, pero a mi me daba igual, era mi vespa y todas esas “pegas” me parecían las “pegas” más agradables de mi fantástica y querida VESPA.
Y todo tiene un final, este es el de nuestra relación. Seguramente ella me estará gritando traidora, pues la he abandonado por otra moto nueva, más cómoda, más fácil, más ágil, y otras tantas cualidades, eso sí, VESPA también. Pero puede estar segura que en mi memoria tiene una caja llena de recuerdos y sensaciones inolvidables, y que nunca podrá igualar ninguna otra moto.
.En mi entorno había aquellos que decían que era una moto vieja, que hacia mucho ruido, que no frenaba, que las marchas saltaban, y todo tipo de críticas, pero a mi me daba igual, era mi vespa y todas esas “pegas” me parecían las “pegas” más agradables de mi fantástica y querida VESPA.
Y todo tiene un final, este es el de nuestra relación. Seguramente ella me estará gritando traidora, pues la he abandonado por otra moto nueva, más cómoda, más fácil, más ágil, y otras tantas cualidades, eso sí, VESPA también. Pero puede estar segura que en mi memoria tiene una caja llena de recuerdos y sensaciones inolvidables, y que nunca podrá igualar ninguna otra moto.

