
Hace unas cuantas semanas (más de cinco seguro) los pensamientos que más resonaban en mi cabeza eran; estoy harta de darme lástima, se acabó, tengo ganas de salir corriendo; como se prestaron los atletas en los juegos olímpicos antiguos en Olimpia y gritar al mundo que quiero estar bien, reírme de mi, reencontrar todo lo perdido, disfrutar de mis hijos, pasar largas veladas con mis amigas, conocer gente, renovar aire, comprar flores, pintar cuadros, hacer las mejores fotos, leer, pasar días sin recordar, trabajar de verdad, escuchar música, ir en bicicleta, correr, pasear por el bosque o por la costa, navegar y un sin fin de cosas más.
Pero no, porque en cuanto asomé la cabeza; patapummmm, otro bastonazo del destino, y es que decididamente este año no es el mío, así que correr… me parece que como no desarrolle una técnica nueva para correr con muletas lo tengo difícil.
Prefiero pensar que el destino esta decidido a hacerme crecer y se ha propuesto para 2008 ponerme todas las pruebas habidas y por haber. Soy una persona positiva, siempre veo lo mejor de todo, aunque reconozco que ha habido momentos, este año, que tenía el depósito en reserva y “oju” que todavía no se ha acabado el año.
Aunque después de todo, no se puede decir que tenga mala época si lo comparamos con una noticia que he oído esta mañana por la radio; y es que un guardabosques norteamericano en su ruta diaria se cruzó con una serpiente cascabel, como se considera una plaga la fue a matar con su rifle, cuando estaba apuntando a la serpiente retrocedió unos pasos con tan mala fortuna que chocó contra un panal de abejas, a lo que salieron todas enfurecidas directas al pobre hombre que en ese mismo instante tropezó, cayó al suelo y en estas se le disparó el rifle destrozándole el pie. Como si el guardabosque no tuviera suficiente, fue la serpiente de cascabel y le picó. Del todo surrealista pero cierto (el hombre sigue vivo, eccehomo pero vivo). Este guardabosque seguramente cree que él sí que ha tenido una mala época y no el resto de mortales que van quejándose de tonterías. Es posible que tenga su razón y seguramente todos tenemos nuestra razón, pero lo peor que nos puede pasar es que nos instalemos en la auto lástima. Todos tenemos épocas malas y también épocas buenas, y lo que no podemos pretender es pasar de la mala a la buena sin una buena transición, porque de ser así, nuestra vida se convertiría en un yoyo sin razón y acabaríamos siendo personas desgraciadas por la perdida de nuestra identidad. Muchas veces el problema es que siempre hemos creído quien éramos pero, en cambio, no estamos seguros de quien vamos a ser. Muchas veces tenemos la sensación de haber vivido en un sueño. Y eso no es lo preocupante, porque los sueños son mejores que la realidad. El problema es que los sueños se mueren y no es posible recuperarlos. Entonces es cuando estamos condenados a llamar a las cosas por su nombre, a aceptar la realidad como lo que es, una sucesión de días y de noches.
Por ahora prefiero centrarme en quien voy a ser y lo que vamos a construir porque, a veces, las cosas cambian, ya se que es difícil, pero, a veces, pasa.