
Esquiar, hay pocas cosas que me gusten tanto como deslizarme por las montañas nevadas sobre esquís; esa sensación de libertad, de independencia, de poder…Y es que esquiar, no es otra cosa sino sentir. Sentir con todo el cuerpo, desde la vista, para percibir la situación que se aproxima como puede ser una puerta, un bache, la curva siguiente, un árbol, un surfero descontrolado, etc...la tensión y distensión de todo nuestro cuerpo, para sentir la aceleración, la inclinación, el viento en la cara. Sentimos incluso a través del oído, porque no hay sonido más agradable que el de fregamiento el esquí en la nieve a cada viraje, es tan o más relajante que los sonidos del mar.
Este año no podré disfrutar de esa sensación, pero por esta vez haré de mochilera y me emocionaré viendo como los míos disfrutan y como día a día se hacen suyo este deporte.
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