miércoles, 25 de febrero de 2009

Versión Beta


Miré mi agenda y ese día me tocaba visitar a un cliente, así que cogí todos mis bártulos de técnica y conocedora de los temas a tratar y me encaminé hacia ese pueblo tan cercano a la gran ciudad. Por ese pueblo, días antes, pasó un semitornado, o algo parecido, que se llevó a su paso la mayoría de los árboles de la entrada, causó muchos destrozos en las urbanizaciones del municipio y lo peor de todo es que también se cobró alguna vida.

La visita fue bastante larga y cansada, pude adivinar que mi cliente no tenía mucho trabajo porque tenía unas ganas enormes de hablar. Me gusta conversar con los clientes pero con este me resulta más cansado de lo normal, y es porque sufre un pequeño problema de dicción y para entenderlo tengo que poner los cinco sentidos.

Salí de la visita dispuesta a tomar una infusión y no pensar en nada durante un buen rato. No me gusta entrar sola en según qué bares por lo que dí unas cuantas vueltas al pueblo hasta que encontré una especie de panadería granja que me pareció un sitio tranquilo, limpio y estaba llena de mamas y abuelas, ya despojadas de prisas, conversando y disfrutando del desayuno. Me senté al final de la diminuta barra, casi pegada al cristal y para no sentirme rara me pegué a un diario.

Al estar al lado del cristal imaginé lo mal que me sentiría si fuera un pez y me metieran en una pecera, pero me tranquilizó el recordar que los peces tienen una memoria de tres segundos y eso quiere decir que cada tres segundos creen tener nuevas experiencias, lo que no estaría nada mal si fuera un pez pero como no lo soy, me acuerdo de los no se cuantos años que llevo viva y… En fin, estaba a punto de conseguir la relajación total de mi mente cuando ví venir una persona que me resultaba conocida. Noté como mi cuerpo se tensaba por momentos al ver que esa persona entraba en el mismo local donde yo estaba intentando no pensar en nada. Mi primera y única reacción fue pagar rápidamente para poder salir aún más rápida del local, cosa que conseguí con discreción y sin cruzar miradas.

Ya han pasado unas semanas desde aquel día y hasta hoy me preguntaba por qué me puse tan nerviosa y por qué no me quedé, es probable que con ese encuentro hubiera satisfecho mi curiosidad pero también hubiera despertado fantasmas y los fantasmas son esos hologramas que distorsionan la realidad.

Ahora creo que hice bien; porque las cosas tienen que seguir un curso, porque la nueva versión todavía es beta y porque las personas que no somos cerebrales y nos dejamos llevar por los sentimientos tenemos un líquido más espeso en el cerebro que ralentiza la decantación de los desechos.

jueves, 29 de enero de 2009

Estilógrafos

Acabo de encontrar mi pluma en la lavadora. Pensaba que la había perdido y a ésta le tenía mucho cariño. Es una Parker de cuerpo azul, azul ele, es preciosa y la tengo desde hace 8 años. Parece que después del revolcón entre burbujas aun funciona, es una suerte que no le salga espuma, y parece que le ha ido bien este tipo de limpieza, menos mal, porque no tenia pensado dedicar tiempo a buscar una nueva pluma, suena raro ¿no? pero es que siempre he dedicado mucho tiempo cuando se trata de escoger una pluma. La verdad es que me encanta escribir con pluma, mi mano se comporta diferente, como más libre y segura, no tiene que hacer fuerza y es más espontánea, hacen una combinación perfecta, es genial! Eso sí, para que todo esto se cumpla, la pluma tiene que ir bien, de lo contrario esa combinación puede convertirse en la peor de tus pesadillas y encontrar tinta hasta en los calcetines, así es que si la pluma se convierte en un incordio, es mejor guardarla y sacarle el polvo de vez en cuando.
Una de mis plumas preferidas es una Montblanc de las de siempre, una meisterstück, que me regaló una persona muy especial cuando teníamos diecisiete años, la pobre ya sólo esta para mirarla y admirarla, y digo admirarla pues se puede ver perfectamente la parte externa del plumín desgastado, la empuñadura ya sin brillo y con la huella de mi dedo índice impresa por una absurda casualidad. Con ella he firmado documentos muy determinantes e importantes, también la he utilizado para pasar ratos tontos y otros agradables dibujando papeles, incluso la he utilizado para pintar y dibujar el “vísceras”.
El stock de plumas a día de hoy es de 12 y podría ser superior si no hubiera perdido unas cuantas, aunque estoy contenta de que entre las desaparecidas no estén mis preferidas. Me gusta imaginar que son varitas mágicas y por su condición de mágicas son ellas las que eligen a sus dueños.

sábado, 24 de enero de 2009

sábado, 3 de enero de 2009

martes, 2 de diciembre de 2008

que nieve, que nieve!!!!


Esquiar, hay pocas cosas que me gusten tanto como deslizarme por las montañas nevadas sobre esquís; esa sensación de libertad, de independencia, de poder…Y es que esquiar, no es otra cosa sino sentir. Sentir con todo el cuerpo, desde la vista, para percibir la situación que se aproxima como puede ser una puerta, un bache, la curva siguiente, un árbol, un surfero descontrolado, etc...la tensión y distensión de todo nuestro cuerpo, para sentir la aceleración, la inclinación, el viento en la cara. Sentimos incluso a través del oído, porque no hay sonido más agradable que el de fregamiento el esquí en la nieve a cada viraje, es tan o más relajante que los sonidos del mar.
Este año no podré disfrutar de esa sensación, pero por esta vez haré de mochilera y me emocionaré viendo como los míos disfrutan y como día a día se hacen suyo este deporte.

lunes, 1 de diciembre de 2008

La magia del sol y la sombra



Audiovisual en timelapse.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Yo, tu, ella...


Añoro mi trocito de “Sequia”, me encantaría salir a caminar o correr, como solía hacer antes al mediodía, por su primer tramo, porque ese es mi trocito de “Sequia”,en él no hay recuerdos impuestos, sólo los míos. Me encantaba escuchar el sonido del agua corriendo en busca de su destino, el sol que me calentaba la espalda o me obligaba a entrecerrar los ojos, las viñas de Sant Iscle, el cerezo del puente y del que no he visto este año caer las hojas, los deportistas del lunes, los del martes, los del miércoles, los del jueves y los madrugadores del sábado, el huerto tan bien configurado de al lado del cerezo, el pagés atento que saludaba siempre, el reflejo del paisaje en el agua.
Recuerdo que siempre salía con mil problemas en mi mente y que a cada paso se iban desvaneciendo y relativizando, dejando una sensación inigualable de placer, para dar paso a juegos de imaginación tales como cambiar los azules por verdes y los verdes por azules, o cosas por el estilo que acababan dándole a mi trocito un encanto especial y dejaban mi mente libre para enfrentarse a una nueva batalla.

Ahora como no puedo salir a caminar o correr, paseo por Internet y últimamente me he aficionado a pasear por los blogs de otra gente, gente sin rostro, anónimos o no, y sin querer cada día crece más la curiosidad por saber de esos sin rostro. Yo no se si es bueno o es malo seguir esa curiosidad, pero crea en mi una inquietud. Siempre acabo como cuando salía a caminar, con juegos de imaginación, pero en este caso el juego es imaginar otra vida, lo raro es que esa vida imaginada es en tercera persona, seguramente debo tener miedo a adjudicármela, esto me hace reflexionar sobre mi; ¿estaré viviendo también en tercera persona? ¿Será por eso que acepto todo lo que me echen como si de un espectador se tratara?

Me ofreció la mano y la cogí, pero cada vez que la miro me recuerda cosas que no me gustan...