Miré mi agenda y ese día me tocaba visitar a un cliente, así que cogí todos mis bártulos de técnica y conocedora de los temas a tratar y me encaminé hacia ese pueblo tan cercano a la gran ciudad. Por ese pueblo, días antes, pasó un semitornado, o algo parecido, que se llevó a su paso la mayoría de los árboles de la entrada, causó muchos destrozos en las urbanizaciones del municipio y lo peor de todo es que también se cobró alguna vida.
La visita fue bastante larga y cansada, pude adivinar que mi cliente no tenía mucho trabajo porque tenía unas ganas enormes de hablar. Me gusta conversar con los clientes pero con este me resulta más cansado de lo normal, y es porque sufre un pequeño problema de dicción y para entenderlo tengo que poner los cinco sentidos.
Salí de la visita dispuesta a tomar una infusión y no pensar en nada durante un buen rato. No me gusta entrar sola en según qué bares por lo que dí unas cuantas vueltas al pueblo hasta que encontré una especie de panadería granja que me pareció un sitio tranquilo, limpio y estaba llena de mamas y abuelas, ya despojadas de prisas, conversando y disfrutando del desayuno. Me senté al final de la diminuta barra, casi pegada al cristal y para no sentirme rara me pegué a un diario.
Al estar al lado del cristal imaginé lo mal que me sentiría si fuera un pez y me metieran en una pecera, pero me tranquilizó el recordar que los peces tienen una memoria de tres segundos y eso quiere decir que cada tres segundos creen tener nuevas experiencias, lo que no estaría nada mal si fuera un pez pero como no lo soy, me acuerdo de los no se cuantos años que llevo viva y… En fin, estaba a punto de conseguir la relajación total de mi mente cuando ví venir una persona que me resultaba conocida. Noté como mi cuerpo se tensaba por momentos al ver que esa persona entraba en el mismo local donde yo estaba intentando no pensar en nada. Mi primera y única reacción fue pagar rápidamente para poder salir aún más rápida del local, cosa que conseguí con discreción y sin cruzar miradas.
Ya han pasado unas semanas desde aquel día y hasta hoy me preguntaba por qué me puse tan nerviosa y por qué no me quedé, es probable que con ese encuentro hubiera satisfecho mi curiosidad pero también hubiera despertado fantasmas y los fantasmas son esos hologramas que distorsionan la realidad.
Ahora creo que hice bien; porque las cosas tienen que seguir un curso, porque la nueva versión todavía es beta y porque las personas que no somos cerebrales y nos dejamos llevar por los sentimientos tenemos un líquido más espeso en el cerebro que ralentiza la decantación de los desechos.






